Érase una vez la historia del Santuario de San Juan de Peñagolosa

El pico de Peñagolosa observa desde sus 1814 metros el hermoso paraje a su alrededor. Ha visto llegar, quedarse y pasar a muchas generaciones de agricultores, pastores, reyes, soldados y clérigos. Estos buscaron espacios en las laderas de la sierra y construyeron pequeñas aldeas e iglesias donde alimentar cuerpos y almas. Para lo último, el santuario de San Juan de Peñagolosa y Santa Bárbara se convirtió en un lugar privilegiado.

En Peñagolosa, paz, agua y salud

Según parece, en el siglo XIII unos monjes acompañaban al ejército del rey Jaime I durante la campaña de conquista de Valencia. Estos religiosos debieron ver algo especial en esta zona, porque allí decidieron fundar una comunidad en la que cultivar la espiritualidad.

Esta sierra esconde misterios y ofrece lugares donde la quietud y el sosiego invitan a la meditación y el culto. Los monjes encontraron en ella el lugar perfecto para el retiro espiritual, alejados de la vida de las ciudades más notables e incluso de las aldeas más pequeñas. De hecho, Vistabella del Maestrazgo, el pueblo más cercano, se encuentra a 9 km.

De ese antiguo eremitorio ya no queda nada, pues sobre él se construyó en el siglo XVI el santuario dedicado a san Juan Bautista. Este homenaje no se hizo por medio de la ostentación, sino de la mesura. Los salones, las dependencias, el patio, el trabajo de arquería, portadas y pórticos… todo nos habla de sobriedad.

Si a San Juan está dedicado el santuario, la iglesia lo está a Santa Bárbara. Este edificio, dedicado a la mártir, se construyó en el siglo XVIII y acompaña al santuario dando cobijo a las celebraciones de los fieles. También alberga al propio San Juan, que aquí tiene su escultura de madera policromada, una figura adusta y seria que mira al frente con rigidez románica. En sus manos, un ramo, una cruz y un libro bajo un cordero.

Quizá sea la impresionante presencia del pico de Peñagolosa, quizá el solemne rostro de San Juan. Quizá sea la sensación de autoridad que otorga la sobria decoración. Sea lo que sea, el aislamiento del santuario no ha impedido que sea el destino religioso más importante de la comarca ya desde la Edad Media. Los peregrinos acuden cada año desde los pueblos de los alrededores: Vistabella del Maestrazgo, por supuesto, pero también Xodos, Culla y Puertomingalvo. De todos ellos vienen a homenajear al santo. Y la tradición impera, porque desde hace siglos se repite la misma estampa. En abril, los Pelegrins de Les Useres vienen al santuario a pedirle a San Juan «paz, agua y salud».

El agua de Peñagolosa

Los peregrinos piden agua, por supuesto. No es casualidad que lo hagan en un entorno donde esta brota con generosidad. ¿Será que el santo complace a los fieles? Allí nacen aguas frescas, puras y deliciosas. Ahí está para demostrarlo Agua de Cortes.

Si deseas comprobarlo personalmente, en los municipios de la sierra no te faltará alojamiento desde el que recorrer las sendas que se escurren entre los árboles. Las montañas marcan la ruta y el ritmo, pero no te impedirán llegar al santuario. Desde Vistabella es una caminata larga pero asumible, que harás siguiendo el GR-7 hacia Villahermosa (¿has visto qué nombres más sugerentes?), pero también se puede llegar en coche.

En Importaco queremos demostrarte que nuestras aguas minerales proceden de manantiales cargados de significado. ¿Quieres conocer el origen de Agua de Cortes? ¡Visita Peñagolosa y el santuario de San Juan!

Comparte